El sexo no es amor: la psicóloga Silvia Severino desarma los mitos de la dependencia emocional
La especialista advierte que la intensidad sexual, el contacto permanente y la convivencia no son indicadores de un vínculo auténtico, sino que muchas veces responden a la costumbre o al apego.
En una era donde las redes sociales y los modelos culturales idealizan las relaciones, la psicología comienza a poner una lupa sobre las bases reales de los vínculos afectivos. La licenciada Silvia Severino lanzó una advertencia clara que busca desmitificar creencias profundamente instaladas: el sexo, la frecuencia de los encuentros y la intensidad emocional no equivalen necesariamente a la existencia de amor genuino.
Según la especialista, muchas de las conductas que hoy asociamos con el amor son, en realidad, dinámicas de dependencia emocional o simples hábitos adquiridos. La confusión entre el apego —basado en la necesidad y la repetición— y una relación saludable —basada en la calidad del vínculo— genera expectativas equivocadas que suelen derivar en vínculos tóxicos o frustrantes.
La trampa de la intensidad
Severino señala que hablar durante todo el día, compartir actividades de forma constante o mantener una vida sexual activa no son garantías de un lazo sano. «Aspectos como la frecuencia de los encuentros o el contacto permanente no son indicadores suficientes de un vínculo auténtico», explicó la psicóloga, añadiendo que incluso la convivencia puede carecer de la esencia del amor si no existen valores más profundos que la sustenten.
Para la experta, la diferencia radica en la elección consciente. Mientras que el apego busca la cercanía permanente por inseguridad o costumbre, el amor se construye desde la responsabilidad afectiva.
Los pilares de un vínculo real
De acuerdo al análisis de Severino, el amor verdadero se manifiesta a través de tres ejes fundamentales:
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Coherencia y Respeto: La alineación entre lo que se dice y lo que se hace dentro de la pareja.
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Cuidado mutuo: Especialmente visible en los momentos de adversidad o incomodidad.
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Compromiso sostenido: Entender el vínculo como una decisión cotidiana y no como una emoción pasajera o idealizada.
Esta perspectiva invita a los individuos a replantearse sus rupturas y la naturaleza de sus uniones actuales. Identificar que no toda relación intensa representa un amor verdadero es el primer paso para fortalecer el amor propio y construir relaciones basadas en la autenticidad y el equilibrio. En definitiva, el amor no es algo que «sucede» por inercia, sino una voluntad sostenida de cuidar al otro y respetarlo en su individualidad.

