El turismo bonaerense cambia de tendencia: más escapadas, menos noches y un consumo en caída

Un exhaustivo informe del Observatorio de Datos Estratégicos reveló que, aunque el flujo de visitantes se mantiene elevado, la reducción en los días de permanencia y la caída del gasto afectan el impacto económico real en los municipios de la provincia.

La actividad turística en la provincia de Buenos Aires atraviesa una profunda reconfiguración estructural. Si bien el flujo de viajeros continúa movilizando a millones de personas a lo largo del territorio bonaerense, el volumen de desplazamiento ya no se traduce de manera lineal en dinamismo económico. De acuerdo con los datos consolidados de la temporada 2026, la Provincia registró la llegada de 8,2 millones de turistas, lo que representó una leve disminución del 1,2% en comparación con el ciclo anterior. Sin embargo, los indicadores financieros oficiales encendieron las alarmas del sector al reflejar un retroceso del 25,4% en el consumo general y una contracción del 28% específica en el rubro turístico, en un contexto caracterizado por estadías promedio cada vez más breves y presupuestos fuertemente acotados.

La relevancia de este diagnóstico radica en el peso estratégico que posee el sector dentro de la matriz productiva bonaerense, donde representa aproximadamente el 5,2% del Producto Bruto Geográfico, involucra cerca de 130.000 puestos de trabajo directos e indirectos y engloba a más de 11.000 empresas turísticas. Frente a este panorama, un relevamiento elaborado por el Observatorio de Datos Estratégicos (ODE), entidad presidida por Pedro Perrotta, remarcó que la contabilización del número de visitantes ha dejado de ser un parámetro suficiente para evaluar el estado de la actividad. Según la entidad, resulta imprescindible analizar variables complejas como las noches de pernocte, el gasto per cápita y la transferencia efectiva de recursos hacia el comercio minorista, la gastronomía, el alojamiento y el empleo local. Al respecto, Perrotta enfatizó que la discusión pública debe trascender el mero conteo de arribos para enfocar la mirada en la permanencia real y el impacto socioeconómico que el movimiento genera en cada comunidad.

Esta transformación de pautas de consumo se manifiesta de manera heterogénea pero constante en los diversos corredores turísticos de la provincia. En el segmento de sol y playa, Mar del Plata recibió 3.141.472 visitantes entre diciembre de 2025 y febrero de 2026 —una caída interanual del 3,7%— con una ocupación hotelera promedio del 50,7% y una retracción comercial en gastronomía cercana al 20%. Por su parte, Villa Gesell reportó cerca de 750.000 turistas y un 74% de ocupación en enero, aunque los registros municipales dieron cuenta de un desplome del 26% en los niveles de consumo. Tendencias similares se registraron en Mar Chiquita, donde los picos del 90% en fines de semana no impidieron un descenso del 6,6% en la ocupación general y caídas del 30% en servicios; en Miramar (General Alvarado), con descensos de ventas de entre el 25% y el 30%; y en Monte Hermoso, que cerró enero con un 87% de ocupación promedio pero evidenció una marcada disminución del flujo de visitantes entre los días lunes y jueves. En localidades como Pehuén Co, Claromecó y Marisol, el tradicional descanso quincenal fue reemplazado definitivamente por estadías fraccionadas de tres a cinco días.

En el mapa interior y gastronómico, el comportamiento réplica dinámicas parecidas. En La Plata, la actividad turística registró una baja del 2,5% interanual en el segundo trimestre de 2026, afectando principalmente a agencias de viajes y restaurantes, según estudios de la UNLP y la Cámara de Turismo regional. En el ámbito serrano, Tandil alcanzó un 100% de ocupación durante la Semana Santa de 2026, pero mediante una altísima rotación de visitantes de una o dos noches; de hecho, la Encuesta de Ocupación Hotelera muestra una pérdida sostenida de viajeros alojados en plazas tradicionales, pasando de 154.616 en 2023 a 131.304 en 2024 (-15,1%). En la comarca de Tornquist y Sierra de la Ventana, la temporada invernal 2026 promedió ocupaciones de entre el 50% y el 61%, con concentraciones puntuales durante los sábados y domingos. Asimismo, la realización de grandes eventos populares —como la Fiesta Nacional del Automovilismo en Balcarce (80.000 asistentes) o el Encuentro Mototurístico en Azul— demostró generar picos efímeros de ocupación plena que no logran compensar la debilidad del balance anual.

La perspectiva histórica permite dimensionar la magnitud de este cambio de ciclo. En las vacaciones de invierno de 2023, la provincia de Buenos Aires había recibido a 2.554.044 visitantes con un impacto económico de $55.000 millones. En 2026, aunque el turismo nacional mostró una recuperación parcial (+5,9% en vacaciones de invierno según CAME), el territorio bonaerense registró entre el 17 y el 26 de julio un total de 296.000 turistas, cifra que implicó una caída del 21,2% respecto a 2025 y un 31,1% por debajo de los niveles de 2023. En paralelo, la expansión del mercado de alquileres temporarios vía plataformas digitales —con Mar del Plata liderando con 9.769 propiedades activas, Pinamar con 3.410, Villa Gesell con 1.102 y Tandil con 1.014— ha modificado sustancialmente la oferta de alojamiento, respondiendo a una demanda que busca mayor flexibilidad pero que tensiona la hotelería tradicional.

Ante estas problemáticas estructurales —caracterizadas por la estacionalidad extrema, el deterioro de los accesos y caminos rurales, y la dispersión en las metodologías estadísticas municipales—, el informe del Observatorio de Datos Estratégicos plantea la necesidad imperiosa de reconfigurar las políticas del sector. Para revertir la tendencia, la entidad propone articular corredores regionales integrados que combinen playa, sierras, termas y gastronomía para extender las estadías a una segunda o tercera noche; desestacionalizar la oferta mediante agendas de eventos fuera de temporada; realizar inversiones clave en infraestructura vial y conectividad; unificar criterios de medición estadística provinciales; e integrar formalmente la oferta de alquileres temporarios al esquema turístico regional.