BNY Mellon vuelve a escena en la deuda argentina
El banco, registrado en el estado de Delaware, fue designado por el ministro Luis Caputo como agente administrador de los nuevos créditos por USD 3.200 millones. La historia de una entidad clave que sobrevivió al default, al conflicto con los fondos buitre y a los intentos de remoción por ley nacional.
Cada vez que la República Argentina activa mecanismos de endeudamiento bajo legislación extranjera, el nombre del Bank of New York Mellon (BNY Mellon) reaparece de manera casi inevitable. En las recientes operaciones financieras por USD 3.200 millones anunciadas por el Ministerio de Economía, la entidad —cuyo domicilio fiscal se encuentra registrado en el estado de Delaware— fue designada nuevamente como el agente administrador de los fondos.
El vínculo formal entre el Estado argentino y la firma financiera se remonta al 2 de junio de 2005, bajo el acuerdo de Trust Indenture que estructuró el primer gran canje de bonos posterior al default de 2001. En aquel entonces, la empresa operaba bajo el nombre de The Bank of New York, previo a su fusión corporativa en 2007. Este contrato la instituyó como el agente fiduciario (trustee) de los títulos emitidos bajo la ley de Nueva York, reemplazando el esquema de la década de 1990 que estaba regido por el Fiscal Agency Agreement de 1994 a cargo del Bankers Trust Company.
El período de mayor tensión en esta relación de más de dos décadas ocurrió durante el litigio soberano con los denominados fondos buitre. Tras el fallo del juez estadounidense Thomas Griesa, el BNY Mellon congeló los fondos que el gobierno argentino había depositado para pagarle a los bonistas reestructurados, argumentando que no podía desobedecer la orden dictada por la justicia de Nueva York.
La respuesta de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner fue drástica: el Congreso de la Nación sancionó la Ley 26.984 de Pago Soberano, declarando la remoción unilateral del banco de sus funciones operativas, reemplazándolo por Nación Fideicomisos y revocando su autorización para operar en el país a través del Banco Central. Sin embargo, la estrategia chocó contra los límites del derecho internacional, ya que bajo la legislación de Nueva York, un emisor soberano no puede remover unilateralmente a un fiduciario sin el consentimiento mayoritario de los propios bonistas.
El conflicto se destrabó finalmente en 2016 con el acuerdo alcanzado por el gobierno de Mauricio Macri con los holdouts. A partir de allí, el BNY Mellon no solo conservó su lugar en el fideicomiso original de 2005, sino que fue ratificado en el nuevo Indenture de 2016 y participó en la reestructuración de la deuda externa realizada en 2020. Hoy, bajo la conducción económica de Luis Caputo, el histórico banco neoyorquino reasume un papel central como agente administrador de los créditos otorgados por las entidades BBVA, Santander y Deutsche Bank, los cuales cuentan con el respaldo y garantías del Banco Mundial y del BID.

