Histórico desacople entre el PBI y el consumo en Argentina

La economía crece impulsada por la minería y el agro, pero la caída del poder adquisitivo mantiene en terreno negativo al consumo masivo.

La economía argentina registra un fenómeno inédito en lo que va del siglo XXI: la ruptura de la correlación histórica entre la evolución del Producto Bruto Interno (PBI) y el consumo masivo. Mientras que el nivel de actividad general muestra números positivos, la demanda interna de los hogares continúa sin reaccionar, condicionada por el estancamiento del poder de compra, el freno al crédito por morosidad y un contexto de mayor precariedad laboral.

De acuerdo con los indicadores económicos, el PBI cerró 2025 con una expansión del 4,4% y proyecta un crecimiento cercano al 3% para 2026. Sin embargo, las mediciones de la consultora Scentia revelan que el consumo masivo cayó un 2,7% interanual en junio, acumulando un retroceso del 2,9% en el transcurso del año. Los datos elaborados por la consultora Moiguer grafican la brecha: tomando como base el año 2021 (100), el índice del PBI/EMAE alcanzó los 114 puntos a abril de 2026, mientras que el consumo masivo se desplomó de forma sostenida hasta los 80 puntos.

Analistas atribuyen este desacople a la naturaleza de la reactivación económica, la cual se encuentra altamente concentrada en sectores primarios e intensivos en capital que demandan poca mano de obra directa. Durante mayo, la agricultura creció un 4,6% y el bloque de minería y energía trepó un 15,7%. Por el contrario, los rubros con mayor capacidad de generación de empleo sufrieron caídas interanuales significativas: la industria manufacturera se contrajo un 5,6% y el comercio mayorista y minorista retrocedió un 4,3%.

Asimismo, el relevamiento de Moiguer expone una marcada fragmentación geográfica en la capacidad de gasto. Provincias impulsadas por la extracción de recursos naturales, como Neuquén o Salta, sostienen niveles de consumo suntuario y bienes durables. En contraste, en el Gran Buenos Aires (GBA) apenas el 23% de los encuestados afirma tener capacidad de compra, una cifra diez puntos por debajo del promedio nacional. Para hacer frente a esta retracción, las empresas masivas recurren de manera determinante a las promociones —que ya representan más del 60% de las ventas en firmas de alimentos—, el desarrollo de líneas premium y la búsqueda de mercados de exportación.