Crisis social en Bahía Blanca: la pobreza extrema llega al corazón del centro

La postal de la crisis económica en Bahía Blanca ha dejado de ser una realidad exclusiva de la periferia para instalarse, con una crudeza inédita, en el núcleo comercial y administrativo de la ciudad. En las últimas semanas, se ha registrado un fenómeno alarmante: ya no solo son los sectores históricamente vulnerables quienes buscan alimentos en la basura, sino que familias de clase media, golpeadas por la inflación y la pérdida de empleo, se ven obligadas a recurrir a los desechos para subsistir.

El epicentro de esta realidad se sitúa en la intersección de Avenida Colón y Vieytes, una de las esquinas más transitadas y simbólicas, ubicada a apenas dos cuadras de la Municipalidad de Bahía Blanca. Allí, la presencia de colchones, mantas y pertenencias personales sobre la vereda evidencia que la vía pública se ha transformado en el último refugio para quienes han quedado fuera del sistema.

Una nueva fisonomía de la exclusión

A diferencia de otros periodos de inestabilidad, los vecinos y comerciantes del centro señalan que el perfil de las personas en situación de calle ha cambiado. La precariedad habitacional está alcanzando a grupos familiares que hasta hace poco tiempo lograban sostener un alquiler o un nivel de vida mínimo. Hoy, armar «camas» improvisadas en el espacio público se ha vuelto una rutina de supervivencia en el corazón bahiense.

La situación plantea un interrogante urgente sobre la eficacia de las redes de contención social y las políticas de asistencia locales. Mientras el paisaje urbano se degrada frente a las narices del poder político local, la pregunta de la comunidad es una sola: ¿quién se ocupa hoy de los «descartados» en Bahía Blanca?

La falta de respuestas estructurales y la profundización de la brecha económica sugieren que, sin una intervención directa y humana, estas imágenes de miseria a metros del municipio dejarán de ser una excepción para convertirse en la nueva y dolorosa identidad de la ciudad.