De la «dulzura» libertaria al cierre: vendieron la fábrica que lanzó los caramelos «No hay plata»
El Grupo Marengo, que en 2023 homenajeó el ajuste de Javier Milei con una línea de golosinas, no resistió la caída del consumo. Tras meses de deudas salariales y suspensiones, la histórica planta de Rafaela cambió de manos.
La paradoja del mercado alcanzó su punto más crítico en la ciudad de Rafaela, Santa Fe. El Grupo Marengo, la emblemática empresa de golosinas con más de 80 años de trayectoria, confirmó la venta de su planta de producción tras un proceso de deterioro financiero que se volvió insostenible durante el último año. La noticia marca el fin de una era para la firma que, apenas cuatro días después de la asunción de Javier Milei, intentó capitalizar el ajuste con el lanzamiento de los caramelos «No hay plata».
Aquella estrategia publicitaria, que buscaba transformar la austeridad en «dulzura, alegría y diversión», terminó chocando contra la realidad de un sector que figura entre los más golpeados por la recesión: el de las golosinas. Lo que en diciembre de 2023 fue celebrado por sectores afines al oficialismo como un fenómeno comercial, derivó en 2025 en un espiral de crisis marcado por el desplome de las ventas.
Cronología de una caída anunciada Los problemas estructurales comenzaron a visibilizarse en julio de 2025. Bajo el argumento de «fuerza mayor y falta de trabajo no imputable al empleador», la firma aplicó suspensiones sin goce de sueldo y, posteriormente, una reducción drástica del 30% de su plantilla de personal.
Sin embargo, el ajuste interno no fue suficiente. Durante el inicio de este 2026, la conflictividad laboral estalló con protestas en los portones de la fábrica. Los 60 trabajadores que permanecían en la empresa denunciaron deudas salariales y una parálisis total de la producción. Según declaraciones de Nicolás González, secretario general del STIA Rafaela, la planta se encontraba «sin producir y sin comprar insumos», generando una incertidumbre que finalmente se resolvió con la transferencia de la propiedad.
Nuevo destino para la planta En las últimas horas, los propietarios notificaron formalmente al gremio la venta de la fábrica a un grupo inversor de la Ciudad de Buenos Aires, también vinculado al rubro de las golosinas. Aunque la operación trae una cuota de esperanza para la continuidad laboral, los trabajadores aún aguardan detalles sobre las condiciones de la nueva gestión y la regularización de los pagos adeudados.
El caso de Marengo queda como un testimonio gráfico de la crisis industrial: la misma empresa que saludó el ajuste con optimismo comercial terminó siendo víctima de la caída del poder adquisitivo que dicho ajuste profundizó.




