El dramático relato del portero que redujo al tirador en Santa Fe: «Podría haber matado a muchos más chicos»
Fabio Barreto reconstruyó los instantes de terror que se vivieron en la escuela donde un adolescente de 15 años asesinó a un compañero. El trabajador, que logró arrebatarle el arma al agresor, brindó detalles sobre el nivel de preparación del atacante y el estado de desconcierto en el que se encontraba tras los disparos.
La tragedia que enlutó a la provincia de Santa Fe, donde un alumno de 15 años asesinó a balazos a un compañero de 13 dentro de un establecimiento educativo, pudo haber tenido un saldo aún más devastador de no ser por la rápida intervención de un trabajador del lugar. Fabio Barreto, el portero de la escuela, se convirtió en una pieza clave para detener la masacre al enfrentarse directamente con el agresor y lograr desarmarlo en medio del caos.
Horas después del fatídico episodio, Barreto brindó su testimonio sobre los tensos segundos en los que decidió actuar. Según su relato, el escenario con el que se encontró demostraba una premeditación alarmante por parte del menor. “Tenía un cinturón cargado con varios cartuchos. Cargaba rápido”, detalló el trabajador, evidenciando que el agresor manipulaba el arma de fuego con una destreza inusual para su edad.
El nivel de letalidad del ataque quedó expuesto en la descripción del equipamiento que llevaba el tirador. “Tenía los cartuchos colgados al costado, cruzados. Vi cuando cargó los tiros que tiró últimos”, relató Barreto. En esa línea, el portero advirtió que los disparos finales fueron efectuados de manera indiscriminada, sin un objetivo claro, lo que incrementaba el riesgo para cualquier persona que se cruzara en su camino: “Tiraba a cualquier lado”.
El momento de la intervención y el estado del agresor
Lejos de paralizarse ante la situación extrema, Barreto avanzó hacia el menor armado. Fue en ese instante donde la tragedia rozó su propia vida. “Me apuntó, pero no llegó a gatillar”, confesó. Tras ese cruce visual, el portero logró reducir al adolescente y quitarle el arma, poniendo fin a la secuencia de disparos.
Al describir la actitud del tirador una vez que fue desarmado, Barreto hizo hincapié en el profundo desconcierto que evidenciaba el menor. “No sabía dónde estaba ni qué había hecho”, aseguró. En el breve intercambio de palabras que mantuvieron tras la intervención física, el panorama fue el mismo: “No sabía qué responderme cuando le hablé”.
El instinto frente al peligro
Al ser consultado sobre qué lo motivó a arriesgar su vida frente a un tirador activo, el hombre explicó que reaccionó por puro impulso, ya que no mantiene un vínculo estrecho con el alumnado. “Casi que no los conozco, solo a los que saludan cuando acomodamos las bicicletas. No sé qué se me pasó por la cabeza, fui y le saqué el arma”, admitió con crudeza.
Como padre de un niño de 9 años, Barreto reconoció que el peso de su propia familia se hizo presente en esos segundos críticos, donde el instinto de protección se impuso sobre el miedo. “Se me pasaron muchas cosas por la cabeza. Hice lo que tenía que hacer, lo que hubiera hecho cualquiera”, reflexionó con humildad, para luego dimensionar la gravedad de lo evitado: “Salvé a muchos chicos. Podría haber matado a más alumnos”.
El caso continúa bajo estricta investigación judicial, mientras la comunidad educativa intenta asimilar el impacto de un hecho de violencia sin precedentes en la región.

