El Gobierno de Milei declaró secreto militar la compra de equipamiento para las Fuerzas Armadas en medio de la tensión por Malvinas
En un nuevo y polémico movimiento en materia de defensa y administración de los recursos del Estado, el Gobierno nacional conducido por Javier Milei dispuso mantener bajo estricto secreto de Estado y reserva militar la totalidad de los detalles vinculados a las nuevas adquisiciones de equipamiento, armamento y tecnología destinadas a las Fuerzas Armadas. La medida impide de forma absoluta el acceso público y el control ciudadano sobre el tipo de material bélico a comprar, los montos millonarios del presupuesto asignado, los países o empresas proveedoras y las unidades militares de destino, abriendo un manto de opacidad en plena escalada de tensión diplomática con el Reino Unido por la soberanía de las Islas Malvinas y la entrega de recursos naturales en el Atlántico Sur.
La controvertida disposición quedó formalizada a través del Decreto 1205/2026, publicado este lunes 19 de octubre en el Boletín Oficial de la República Argentina. La normativa, que lleva de manera explícita las firmas del presidente Javier Milei y de su ministro de Defensa, Carlos Alberto Presti, establece que el conjunto de las contrataciones e importaciones involucradas quedarán expresamente exceptuadas de las obligaciones constitucionales y legales de publicidad, licitación transparente y difusión gubernamental. De esta manera, la sociedad argentina no podrá conocer en qué se gasta el dinero público bajo el argumento de la reserva de Estado.

De acuerdo con el texto del decreto firmada por el Poder Ejecutivo, el Ministerio de Defensa argumentó haber identificado un proceso de adquisición de materiales y pertrechos cuyas características técnicas, logísticas y operativas requieren un tratamiento confidencial. La administración de La Libertad Avanza justificó el encubrimiento informativo sosteniendo que la divulgación de esos datos podría comprometer de manera directa la seguridad nacional y debilitar las capacidades defensivas del país frente a potenciales hipótesis de conflicto.
Para respaldar legalmente la excepción a los controles de transparencia que rigen para las compras del sector público, el Gobierno echó mano a una normativa dictada durante gobiernos de facto: el Decreto 9390/63. Esta herramienta permite clasificar bajo la categoría de secreto militar aquellas cuestiones estrechamente ligadas con la preparación, el pertrechamiento, la compra de insumos y las operaciones estratégicas de las fuerzas armadas. La aplicación de este régimen faculta a la cartera castrense a avanzar en contratos directos sin dar explicaciones al Congreso ni a los organismos de auditoría, delegando la instrumentación del proceso en la Subsecretaría de Gestión Administrativa.
La decisión de ocultar los números y los proveedores reaviva las alarmas sobre el rumbo del reequipamiento castrense. Si bien la gestión libertaria suele ufanarse de sus políticas de modernización militar —como la reciente adquisición de los cazas de combate F-16—, la declaración de secreto militar impide saber si esta nueva operación involucra más aeronaves, blindados, armamento pesado, sistemas de ciberdefensa o tecnología de espionaje, así como tampoco los compromisos financieros asumidos con potencias extranjeras.
Conflicto en el Atlántico Sur: la avanzada petrolera británica y el Tribunal Marítimo
El blindaje sobre las compras bélicas de la Argentina se produce en un contexto de altísima sensibilidad geopolítica motivado por las acciones unilaterales e ilegales de Gran Bretaña sobre los recursos hidrocarburíferos y pesqueros en las Islas Malvinas. En las últimas semanas, la tensión diplomática escaló a partir del avance del proyecto británico Sea Lion, una ambiciosa plataforma de extracción petrolera en la Cuenca Malvinas Norte que pretende saquear las reservas de hidrocarburos pertenecientes al patrimonio soberano del pueblo argentino.
Frente a la consumación de esta usurpación de recursos naturales, la Cancillería argentina debió recurrir a instancias internacionales y presentó una solicitud formal de medidas cautelares y provisionales ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar, con sede en Hamburgo, Alemania. La presentación judicial interpuesta por el país busca frenar de forma inmediata el despliegue de las perforaciones británicas, denunciando la flagrante violación de la soberanía nacional y del derecho internacional. Aunque la declaración de secreto militar firmada por Milei coincide temporalmente con este litigio sobre el mar argentino, el decreto no establece de manera explícita un vínculo técnico entre el material bélico a comprar y la custodia de la plataforma continental.
La decisión del Poder Ejecutivo reabre un profundo debate sobre el manejo discrecional de las arcas públicas en tiempos de ajuste brutal para los sectores populares, los jubilados y la obra pública, contrapuesto con la reserva absoluta sobre los contratos militares. Mientras la sociedad exige transparencia sobre los destinos de los fondos soberanos, el Gobierno mantendrá bajo llave los expedientes armamentísticos a la par que continúa su litis internacional por el Atlántico Sur.

