El gobierno gasta millones en helicópteros abandonados pese al «no hay plata»
El relato de austeridad de La Libertad Avanza vuelve a chocar de frente contra la realidad de sus propias decisiones de gestión. Mientras el presidente Javier Milei repite hasta el cansancio su eslogan de que «no hay plata» para justificar el brutal ajuste sobre las jubilaciones, el desfinanciamiento de las universidades públicas y la paralización total de la obra pública, el Estado nacional ha decidido desembolsar millones de dólares en la compra de cuatro helicópteros militares UH-60L Black Hawk para el Comando de Aviación del Ejército. Como ilustra la imagen_9b4b2a.jpg, se trata de aeronaves destinadas a fortalecer las fuerzas armadas, una adquisición que desnuda las verdaderas prioridades de una administración que asfixia a los sectores más vulnerables mientras fuga divisas en material bélico.
Lo más indignante de la operación no es solo el contexto de emergencia económica en el que se realiza, sino la paupérrima condición de procedencia del material adquirido. Las unidades compradas no son nuevas, sino que formaban parte del excedente militar estadounidense arrumbado en el célebre cementerio de aviones de Tucson, Arizona, conocido formalmente como la base Davis-Monthan. En ese inmenso depósito a cielo abierto, denominado en la jerga como «boneyard», estos helicópteros permanecieron totalmente fuera de servicio, acumulando óxido y expuestos a las inclemencias del desierto durante un período estimado de entre 6 y 10 años, tras haber sido descartados por el servicio activo de Norteamérica.
El paquete técnico aprobado por Washington para intentar revivir estas aeronaves de descarte incluye, además de las cuatro unidades base, dos motores T700-GE-701D, sistemas de navegación, transpondedores, equipos de rescate, tanques de combustible auxiliares y el soporte logístico necesario. Según la información circulante en el ámbito de la defensa, el Ejército Argentino tiene previsto recibir estas primeras unidades en el mes de diciembre. Las propias autoridades reconocen que los helicópteros deberán someterse a un profundo proceso de modernización y reacondicionamiento antes de su entrega, lo que evidencia el elevadísimo e injustificable costo extra que implica volver operativos equipos que llevaban casi una década abandonados como chatarra.
La justificación diplomática de la compra resulta, cuanto menos, insultante para un país sumido en una profunda crisis social. El embajador estadounidense en Buenos Aires, Peter Lamelas, fue el encargado de anunciar la operación, intentando maquillar la venta de material obsoleto bajo un falso altruismo. “No se trata solo de equipamiento: es llegar a tiempo y salvar vidas”, destacó el diplomático en el marco del extremo alineamiento político que el gobierno de Milei mantiene con los Estados Unidos. Esta retórica barata busca disfrazar lo que en la práctica es una genuflexión ideológica, obligando a la Argentina a absorber el descarte de las potencias extranjeras con los impuestos de los ciudadanos.
En definitiva, la incorporación de estos helicópteros viejos y abandonados expone la peor cara del cinismo oficialista. Mientras se le exige a la población un esfuerzo desmedido, soportando tarifas impagables, despidos masivos y salarios licuados bajo la estricta premisa de sanear las cuentas públicas, los dólares fluyen sin ningún tipo de trabas cuando se trata de contentar a los aliados del norte y hacer demostraciones de fuerza vacías. La gestión de Javier Milei y La Libertad Avanza demuestra de forma contundente que sí hay plata en la Argentina, pero está estrictamente reservada para negocios geopolíticos ruinosos, no para garantizar la dignidad y el bienestar del pueblo que padece el ajuste.

