Hay recesión desde hace un año y el impacto más fuerte se siente en los alimentos

Last Updated: 21 de diciembre de 2025By

La recesión económica lleva al menos doce meses y su expresión más cruda se observa en la mesa de los argentinos. Comercios de proximidad registran una fuerte caída en las ventas, mientras crece la cantidad de clientes que compran menos y ajustan al extremo su consumo diario. Desde el Centro de Almaceneros advierten que la situación es la peor de los últimos 10 a 15 años.


Una recesión que golpea de lleno al consumo básico

La economía argentina atraviesa un proceso recesivo sostenido desde hace un año, con consecuencias directas sobre el consumo de alimentos. Así lo afirmó el presidente del Centro de Almaceneros de Córdoba, en diálogo con Tomás Méndez en el programa El Ojo de la Tormenta por AM 750, donde describió un escenario crítico para los comercios de cercanía.

Según explicó, los números oficiales de inflación publicados por el INDEC no reflejan con precisión lo que ocurre en la vida cotidiana de las familias. “Los incrementos en transporte, servicios, salud y alimentos están muy por encima de los porcentajes oficiales”, sostuvo, y remarcó que esa diferencia se percibe con claridad en el mostrador de los almacenes.


Ventas en caída y costos en alza

Los datos relevados por la entidad son contundentes. Comparado con noviembre de 2024, el volumen de ventas cayó un 9,1%, mientras que el acumulado entre enero y noviembre de 2025 muestra una baja del 22,1%. El relevamiento incluye no solo almacenes, sino también carnicerías, panaderías, pollerías y fiambrerías.

“Es lo peor que ha pasado en los últimos 10 o 15 años. Este año fue peor que el anterior, y 2024 ya había sido muy malo”, señaló el representante del sector. La situación se agrava por el fuerte aumento de los costos fijos, que en muchos casos se triplicaron, haciendo inviable el equilibrio económico de los pequeños comercios.


Más clientes, menos consumo

Uno de los datos más llamativos que aporta el informe es que la cantidad de compradores no disminuyó. Por el contrario, el universo de clientes creció, pero el volumen total vendido es menor. “La gente no se fue a las grandes superficies. Compra en el barrio, pero compra menos”, explicó.

La razón principal es la pérdida del poder adquisitivo. Las familias adquieren únicamente lo indispensable para el día, dejando de lado productos que antes formaban parte habitual de la canasta. “Se compra lo justo y necesario”, resumió el dirigente.


Un dato alarmante: menos comidas diarias

El indicador social más preocupante surge del consumo alimentario. Según el relevamiento, el 52% de las familias suprime al menos una de las ingestas diarias. Esta realidad no solo tiene consecuencias nutricionales y sociales, sino que también impacta directamente en el comercio de proximidad.

“Esto sí repercute en los almacenes, porque cuando una familia deja de comer una comida, deja de comprar”, advirtió. El ajuste se da en alimentos básicos, lo que refleja la profundidad de la crisis.


Comerciantes al límite

Desde el Centro de Almaceneros aclaran que, por ahora, no se registran cierres masivos de negocios. Sin embargo, la explicación no es alentadora: muchos comerciantes ya se encuentran en situación de quiebra, pero decidieron esperar hasta fin de año con la expectativa de una mejora.

“Llegamos a diciembre y no hay signos de recuperación”, señaló el presidente de la entidad. Si bien el último mes del año suele mostrar un repunte por el cobro del aguinaldo y las fiestas, las proyecciones indican que, aun así, los números estarán por debajo de los de diciembre del año pasado.


Inflación y salarios: una brecha persistente

El dirigente también cuestionó el nivel de inflación mensual. “Un 2,4% sigue siendo alto, sobre todo cuando duplica los aumentos salariales”, afirmó. En ese contexto, la erosión del poder adquisitivo continúa profundizándose y el deterioro se vuelve cada vez más visible.

“Esto se ve todos los días en el mostrador y lo vamos a seguir viendo”, concluyó, en una advertencia que resume el escenario: una recesión prolongada, con impacto directo en la alimentación y en la supervivencia de los pequeños comercios.