Karina Milei asumió el control cotidiano de la gestión con reuniones en paralelo

La Secretaria General de la Presidencia evalúa a los ministros de forma rotativa y restringe el acceso directo al Presidente

La estructura del Poder Ejecutivo atravesó una reconfiguración interna profunda a partir de la implementación de un nuevo esquema de trabajo impulsado por la Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei. La funcionaria estableció un sistema de reuniones de gabinete «en paralelo», desarrolladas sin la participación del presidente Javier Milei, asumiendo de forma directa el seguimiento diario de la administración pública y la agenda parlamentaria.

A través de esta modalidad de encuentros rotativos dentro de la mesa política, la funcionaria comunicó la decisión de convocar a los titulares de cada cartera ministerial de manera individual para supervisar el estado de sus áreas y exigir rendición de cuentas sobre los proyectos en curso.

Exámenes a la gestión y el caso Sturzenegger

El primer funcionario citado bajo esta nueva dinámica fue el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. Durante el encuentro, el ministro debió exponer en detalle la nómina de iniciativas legislativas, reformas normativas y medidas administrativas que se encuentran en etapa de elaboración dentro de su área.

Las reuniones paralelas funcionan en la práctica como encuentros de gabinete operativo. En ellos se revisan tanto los asuntos económicos de urgencia como la estrategia del oficialismo en el Congreso, pero con la particularidad de que la conducción y la toma de decisiones quedan centradas de forma exclusiva en la figura de la Secretaria General.

Malestar interno y aislamiento de la figura presidencial

La concentración de las decisiones cotidianas en el entorno de la Secretaria General provocó reacciones y tensiones en distintos sectores de la coalición oficialista. Integrantes de las agrupaciones políticas del espacio, entre ellos referentes del espacio Las Fuerzas del Cielo, expresaron su disconformidad con el mecanismo de control y la restricción impuesta sobre las audiencias privadas con el Jefe de Estado.

Según coinciden diversas fuentes del propio gabinete nacional, la prohibición de los encuentros cara a cara no agendados previamente con el Presidente acentuó un proceso de aislamiento del mandatario, quien delega de manera creciente la resolución de los conflictos administrativos y la coordinación ministerial en la jefatura de la mesa política.