La visita de autoridades y representantes gremiales a la UNS no fue solo una inspección de daños, sino un acto de compromiso. Junto al rector Daniel Vega, se trazó una hoja de ruta para la recuperación, un plan que va más allá de la reconstrucción física. Se trata de devolver a la universidad su esencia, su capacidad de generar conocimiento y formar futuros profesionales.
La primera fase, una carrera contrarreloj contra el tiempo, se centra en la limpieza y desinfección de los espacios afectados. Cada libro rescatado, cada equipo reparado, es un paso hacia la normalidad. La segunda fase, la más ambiciosa, busca reemplazar lo perdido y fortalecer la infraestructura, garantizando que la UNS esté mejor preparada para el futuro.
El proyecto del edificio de Ciencias de la Salud, una promesa de bienestar para la región, se mantiene como prioridad. La universidad, consciente de su rol social, no detendrá su avance.
Pero la reconstrucción no es solo cuestión de ladrillos y tecnología. Es también un acto de unión. Alumnos, docentes e investigadores, con la mirada puesta en el futuro, trabajan codo a codo. La Universidad Nacional de Mar del Plata, en un gesto fraterno, aporta 100 millones de pesos, un símbolo de la solidaridad entre universidades públicas. Además, la UNS ha abierto sus puertas a la ayuda de toda la comunidad, habilitando un sitio web para recibir donaciones.
La UNS renace, no solo como institución, sino como símbolo de la capacidad de Bahía Blanca para superar la adversidad. Entre el agua y la solidaridad, se escribe un nuevo capítulo en la historia de esta ciudad.