El siglo de las voces inmortales: un vermut para celebrar a Sosa y Goyeneche

Last Updated: 3 de febrero de 2026By

Con un bar colmado y una atmósfera cargada de memoria colectiva, el ciclo Un vermut con la historia inauguró su décima temporada en Bahía Blanca con un emotivo homenaje a Julio Sosa y Roberto “El Polaco” Goyeneche, a cien años de sus nacimientos. Música, danza y palabra se conjugaron para reafirmar la vigencia del tango como patrimonio vivo.


Hay relojes que no miden horas, sino emociones. El sábado, cuando el reloj marcaba las 19.30, el Café Bar Miravalles dejó de ser un punto fijo en el mapa de Bahía Blanca para transformarse en un refugio de memoria y cultura. Allí, bajo el cielo del inicio de 2026, el ciclo Un vermut con la historia dio inicio a su décima temporada con un homenaje que detuvo el tiempo: la evocación de Julio Sosa y Roberto “El Polaco” Goyeneche, dos voces fundamentales del tango argentino, a un siglo de sus nacimientos.

El encuentro reunió a un público numeroso que desbordó el espacio habitual del bar y se extendió hacia la vereda, convertida en una platea improvisada. El clima fue el de una ceremonia compartida, atravesada por la nostalgia y el reconocimiento a una tradición que sigue viva.

El acto comenzó con un gesto simbólico: el descubrimiento de una plaqueta conmemorativa con las figuras de Sosa y Goyeneche. La distinción fue presentada por Alejandro Miraballes, anfitrión y referente cultural del histórico café, junto a Gisela Caputo, Matías Adolfo Italiano, Karina Sánchez y José Valle, representante de la Academia Nacional del Tango. El reconocimiento materializó el espíritu del homenaje: mantener presentes a quienes marcaron una época y siguen dialogando con el presente.

La danza abrió el tramo artístico de la jornada. Laura Borelli y Gustavo Rodríguez llevaron el tango al lenguaje del movimiento, con coreografías de cortes precisos y elegancia clásica, que encontraron en el reducido espacio del bar una cercanía singular con el público.

Luego fue el turno de la música. Galo Valle, con una voz joven y expresiva, interpretó “Cambalache” y “Garúa”, generando una respuesta inmediata del público, que acompañó con aplausos prolongados. Su participación subrayó uno de los ejes del encuentro: la transmisión generacional del tango como herencia cultural.

La velada continuó con la presentación de Gaby, conocida como “la voz sensual del tango”, quien ofreció un repertorio que incluyó “A Homero”, “Por qué canto así”, “Hoy es tarde” y “La última curda”. Cada interpretación fue recibida en un silencio atento, interrumpido solo por el aplauso respetuoso, en un clima que reflejó el vínculo profundo entre las letras del tango y la identidad colectiva.

El momento reflexivo llegó de la mano de José Valle, quien compartió anécdotas y relatos sobre Sosa y Goyeneche. Lejos de una disertación académica, su intervención propuso un recorrido íntimo que bajó a los ídolos del pedestal y los acercó a la mesa del vermut, como parte de una historia común.

La noche también reservó un espacio para el reconocimiento a referentes locales. Emilio Turcumán y Marcelo Cebrián fueron distinguidos por su trayectoria en la gestión y la comunicación cultural, en un gesto que vinculó el homenaje al pasado con el compromiso presente.

El cierre tuvo un tono de proyección y esperanza. Paz Cebrián interpretó “Honrar la vida”, una canción que funcionó como síntesis del encuentro y como declaración de principios: la cultura como acto de cuidado y continuidad.

Más que un evento artístico, el encuentro en el Miravalles se consolidó como un espacio de resistencia cultural frente a la lógica de la urgencia. En torno a una mesa, entre charlas sin apuro y música compartida, el tango volvió a demostrar que no es solo un género musical, sino una forma de encuentro.

Mientras caía la tarde y el vermut teñía los vasos de ámbar, Bahía Blanca volvió a confirmar que, a cien años del nacimiento de Sosa y Goyeneche, el tango sigue siendo una de las maneras más profundas de sentirse acompañado.