Bullrich desembarca en el Senado para liderar la ofensiva legislativa libertaria
La actual ministra de Seguridad asumirá su banca en la Cámara Alta a partir de diciembre para encabezar el bloque del oficialismo. Su misión será articular los acuerdos necesarios para alcanzar el quórum de 37 votos y motorizar la aprobación del Presupuesto 2026, la reforma laboral y la impositiva. El Gobierno Nacional confía en que la profunda fragmentación del peronismo en el recinto será la llave para sumar el poder real que necesita para avanzar con su agenda de reformas de fondo.
El mapa político del Congreso Nacional se reconfigura de cara a diciembre y el movimiento más resonante se da en la Cámara Alta. Patricia Bullrich se prepara para dejar su segunda etapa al frente del Ministerio de Seguridad, una transición que ya quedó formalizada con el nombramiento de Alejandra Monteoliva como su sucesora. La ex ministra asumirá su banca como senadora por la Ciudad de Buenos Aires con un objetivo estratégico: convertirse en la jefa del bloque oficialista y principal operadora política del Gobierno en un Senado que exige cintura y negociación constante.
Este desembarco no es un movimiento menor. Bullrich llega para conducir un bloque que experimentará un salto exponencial, pasando de las siete bancas actuales a una dotación de veinte senadores a partir del 10 de diciembre. Sin embargo, este número, aunque significativo, aún se encuentra lejos de los 37 votos necesarios para asegurar el quórum y la sanción de leyes sin depender de la voluntad de la oposición. La funcionaria, quien tiempo atrás expresó que «seis años es mucho en el Senado», buscará resultados legislativos rápidos para proyectar su carrera y consolidar su peso dentro de la coalición gobernante.
El complejo tablero de los 37 votos y la estrategia de alianzas
La clave de la gobernabilidad para el oficialismo reside en su capacidad para explotar las fisuras opositoras y sumar voluntades en cada votación. Con veinte votos propios, el camino para alcanzar los 37 requiere una arquitectura de alianzas finamente tejida, que apunta principalmente a los sectores dialoguistas.
El cálculo en los despachos oficialistas es que podrían acercarse a la mayoría si logran el apoyo pleno del radicalismo (con nueve senadores) y del PRO (con seis bancas). En conjunto, estos acuerdos podrían llevar al oficialismo a sumar cerca de 35 votos. La diferencia faltante se buscará en los bloques provinciales e incluso en el pequeño espacio de Provincias Unidas, un terreno que todavía se presenta como inestable.
La articulación interna será fundamental. El primer paso de Bullrich será reconstruir una relación de trabajo fluida con la vicepresidenta Victoria Villarruel, presidenta natural del Senado. Este vínculo, sumado a la coordinación directa con la mesa política de la Casa Rosada —que lidera Karina Milei y donde reportan figuras clave como Diego Santilli, Manuel Adorni y Martín Menem—, definirá la eficacia del bloque legislativo para implementar la agenda de Gobierno.
La agenda urgente: Presupuesto y reformas en el verano político
La nueva composición del Congreso se estrenará en medio de las sesiones extraordinarias de verano, un período que la Casa Rosada quiere aprovechar para mostrar músculo político. La prioridad máxima es la aprobación del Presupuesto 2026.
Aunque los textos de las iniciativas más ambiciosas se esperan para después del 15 de diciembre, fuentes con experiencia legislativa advierten que el Gobierno deberá trabajar intensamente en enero y quizás en febrero para evitar demoras. El oficialismo insiste en la necesidad de lograr una victoria temprana que refleje su fuerza en el nuevo escenario parlamentario. Además del Presupuesto, el Ejecutivo planea impulsar una reforma laboral y una reforma impositiva que buscarán introducir cambios estructurales en la economía. Desde la Rosada ya adelantaron que la reforma laboral se presentaría recién iniciado el nuevo año, con el objetivo de testear la capacidad de captación de apoyos en un peronismo en dispersión.
La fractura peronista: Una oportunidad para el Gobierno
Mientras el oficialismo arma su estrategia de captación de apoyos, la mayor novedad política se da en las filas de la oposición. El peronismo enfrentará desde diciembre su representación más baja en el Senado desde el retorno de la democracia en 1983, y lo hará profundamente fragmentado.
El sector, que históricamente ha mantenido una unidad robusta, se dividirá en al menos tres bloques principales:
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Fuerza Patria: Conservará 28 bancas, siendo la principal facción.
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Primero la Patria: El sector más cercano al kirchnerismo formaría un espacio con 22 integrantes.
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Convicción Federal: Mantendrá un pequeño grupo de cuatro escaños.
Esta grieta interna, que ya mostró tensiones evidentes en imágenes como la cena del cristinismo con ausencias notorias, es el principal factor de optimismo para el oficialismo. El Gobierno ve en la dispersión peronista la oportunidad de pescar votos de sectores más dialoguistas o de legisladores que podrían preferir armar bloques provinciales independientes antes que alinearse con las facciones más duras. Los rumores de posibles movimientos de legisladores, como el caso de Pablo Bensusán, aunque desmentidos en el corto plazo, reflejan la inestabilidad y la presión que el oficialismo buscará ejercer sobre los senadores para obtener los números que le permitan aprobar las leyes de su gestión. Esta dinámica en el Senado tendrá su correlato en Diputados, donde el oficialismo también busca aumentar su influencia aprovechando la potencial fractura de Unión por la Patria.

