La Cámara Argentina de Comercio encendió las alarmas y admitió la devastación pyme: «Cada dos horas cierra una empresa en Argentina»
En un sincero sincericidio que pone en evidencia el colapso del entramado productivo y comercial, la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) —entidad patronal que en sus inicios respaldó las políticas del gobierno de Javier Milei— salió a blanquear públicamente la dramática encrucijada que golpea al sector mercantil del país. En una contundente e histórica advertencia sobre la crisis sociolaboral, desde la conducción de la cámara empresarial reconocieron de manera abierta la quiebra en cadena de pequeños comercios: «En su momento apoyamos al gobierno, hoy hay que decir que cada dos horas cierra una pyme en Argentina».
La drástica sentencia pronunciada por la entidad gremial empresaria refleja la magnitud del impacto del modelo libertario sobre el mercado interno, el consumo popular y la sustentabilidad del trabajo independiente. Las estimaciones de las cámaras del sector confirman la pérdida masiva de unidades de negocios y la destrucción de la actividad formal en todo el territorio nacional, configurando un escenario de recesión profunda e indeseada por el propio sector comerciante.
De acuerdo con los relevamientos de las agrupaciones del comercio de proximidad, el desplome del poder adquisitivo de los salarios y el brutal incremento de las tarifas de servicios públicos han provocado hasta la fecha el cierre definitivo de más de 41.000 kioscos y pequeños locales de barrio en las distintas provincias. En paralelo, este ahogo económico se tradujo en una sangría sin precedentes sobre el empleo formal, registrando la pérdida irreversible de 329.667 puestos de trabajo en el sector privado formal desde la puesta en marcha del programa de ajuste oficial.
Caída libre del consumo masivo y el reclamo frente al relato macroeconómico
La posición asumida por la Cámara Argentina de Comercio constituye una grieta determinante en la base de sustentación empresaria con la que solía embanderarse el Poder Ejecutivo nacional. Mientras desde la administración de La Libertad Avanza y el Ministerio de Economía se insiste en ponderar los supuestos «logros macroeconómicos» y el déficit cero a costa del vaciamiento de la economía real, en las calles y centros comerciales la persiana baja se consolida como la postal cotidiana del país golpeado.
La asfixia de las pymes no responde únicamente a la devaluación acumulada y el encarecimiento de los costos fijos, sino de manera directa a la brusca caída del consumo en los hogares. Al no haber políticas públicas orientadas a sostener el poder de compra de la clase trabajadora y de los jubilados, los comercios tradicionales de indumentaria, alimentos, servicios y servicios de cercanía se ven imposibilitados de afrontar los alquileres, los impuestos y las abultadas facturas de electricidad y gas.
Frente al sombrío panorama de cierres masivos, la admisión de la CAC deja al descubierto la falta de sostenibilidad de un plan económico enfocado exclusivamente en la especulación financiera y la entrega de recursos clave. La demanda del sector pyme exige un cambio urgente de rumbo que priorice el consumo masivo, el crédito accesible, la protección de la industria nacional y el resguardo de las fuentes de trabajo que mueven el corazón productivo de la Argentina.

