La canasta básica aumentó 2,6% y presiona sobre la pobreza
El costo de cubrir las necesidades esenciales de la población volvió a registrar un incremento durante agosto. Según los últimos datos oficiales dados a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y la Canasta Básica Total (CBT) experimentaron una suba del 2,6% en el transcurso del mes. Este avance estuvo impulsado principalmente por el continuo aumento en los precios de los alimentos, un rubro crítico para el consumo diario de las familias.
De acuerdo con el informe oficial del organismo estadístico, un hogar tipo —integrado por dos adultos y dos niños en edad escolar— necesitó un ingreso mensual de $1.605.497 para evitar caer por debajo de la línea de pobreza. Al mismo tiempo, ese mismo grupo familiar requirió alrededor de $726.459 para superar la línea de indigencia, un parámetro que contempla exclusivamente los gastos mínimos e indispensables para adquirir los alimentos necesarios para la subsistencia.
La relevancia de este dato radica en que los indicadores que determinan los umbrales de pobreza e indigencia continúan aumentando a un ritmo superior al del índice general de precios. En la comparación interanual, la Canasta Básica Alimentaria acumuló un incremento del 39,6%, mientras que la Canasta Básica Total registró un aumento del 38,3% en el mismo período, evidenciando una brecha persistente entre el costo de vida básico y el resto de los componentes de la economía.
Esta evolución pone de manifiesto uno de los principales condicionantes para la economía de los hogares: aunque la tasa general de inflación mostró una desaceleración en relación con las marcas de períodos anteriores, el precio de los bienes de primera necesidad continúa ejerciendo una fuerte presión sobre los ingresos familiares. Esta situación afecta con mayor severidad a las familias de menores recursos, cuyos presupuestos están destinados de manera casi exclusiva al consumo de alimentos y servicios básicos.
El contexto social refleja además una creciente preocupación por el comportamiento de los índices de vulnerabilidad social. Las últimas mediciones oficiales del INDEC habían ubicado la tasa de pobreza en un 28,2% durante el segundo semestre de 2025, representando la marca más baja registrada desde 2018. Sin embargo, diversas consultoras del sector privado comenzaron a encender las alarmas al proyectar un cambio de tendencia desfavorable a lo largo de los primeros meses del año 2026.
De acuerdo con las estimaciones elaboradas por la consultora económica LCG, la pobreza habría ascendido al 30,1% durante el primer trimestre de este año. Este porcentaje marca un claro contraste respecto del 27% estimado por la misma firma para el tercer trimestre de 2025, lo que sugeriría una interrupción en la senda de recuperación que se había observado en las mediciones de los períodos previos.
Las proyecciones privadas señalan que aproximadamente 1.477.000 personas habrían caído nuevamente en situación de pobreza en un lapso de tan solo seis meses, elevando el total acumulado a cerca de 14 millones de personas en todo el territorio nacional. En el mismo sentido, la tasa de indigencia habría registrado un leve incremento, pasando del 6,1% al 6,5% en la estimación del primer trimestre.
El escenario actual reaviva la discusión respecto de la capacidad de recuperación del salario real y la pérdida del poder adquisitivo frente a las canastas de consumo. Las subas continuas en los alimentos tienen un impacto desproporcionado sobre la franja de trabajadores no registrados, beneficiarios de asignaciones, jubilados y aquellos hogares que deben destinar la mayor parte de sus recursos a garantizar la alimentación de sus integrantes.
La publicación de la próxima medición oficial de pobreza e indigencia por parte del INDEC permitirá verificar si esta tendencia alcista señalada por las consultoras se consolidó de manera formal durante el primer semestre de 2026. Entre tanto, la aceleración persistente de las canastas básicas deja al descubierto que la ralentización de la inflación general aún no se traduce en una mejora sostenida en las condiciones de vida de la población más vulnerable.

