La salida de Lavagna del INDEC reaviva la interna económica y Milei apunta contra Massa
La renuncia de Marco Lavagna al frente del INDEC abrió un nuevo frente de tensión política. Mientras el Gobierno denuncia maniobras opositoras, crecen las críticas por la inestabilidad en un organismo clave para medir la inflación.
La renuncia de Marco Lavagna a la dirección del INDEC volvió a colocar en el centro del debate la estabilidad del organismo encargado de medir la inflación y otros indicadores sensibles para la economía argentina. El episodio derivó rápidamente en un cruce político de alto voltaje, luego de que el presidente Javier Milei responsabilizara al exministro Sergio Massa por lo que describió como un intento de desestabilización.
La salida de Lavagna se produjo en medio de la polémica generada por el anuncio —y posterior suspensión— de cambios en la metodología de cálculo del Índice de Precios al Consumidor (IPC). El ida y vuelta oficial, que se resolvió en cuestión de días, dejó expuestas diferencias internas y cuestionamientos técnicos sobre la planificación del área estadística.
Desde la Casa Rosada se interpretó la renuncia como parte de una ofensiva política opositora. Sin embargo, economistas y especialistas en estadística advierten que la fortaleza del INDEC depende, sobre todo, de su estabilidad institucional y de la previsibilidad en sus criterios metodológicos.
La credibilidad del organismo no es un asunto menor. Sus cifras impactan en negociaciones salariales, contratos, bonos ajustados por inflación y en la relación del país con organismos internacionales. En ese contexto, cualquier señal de incertidumbre genera preocupación en los mercados y en la vida cotidiana de los ciudadanos.
La reacción presidencial, centrada en señalar responsabilidades externas, fue leída por sectores opositores como una forma de eludir la discusión de fondo: la necesidad de consolidar equipos técnicos y garantizar reglas claras en un área estratégica.
La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner también intervino en el debate a través de sus redes sociales, donde cuestionó el rumbo económico del Gobierno y comparó los actuales índices de inflación con los registrados en 2015. En su publicación, puso en duda que los resultados oficiales reflejen una mejora sustancial tras el ajuste fiscal y el endeudamiento reciente.
Más allá del cruce político, la renuncia de Lavagna expone un problema estructural: la dificultad histórica de la Argentina para aislar a sus organismos técnicos de la disputa partidaria. Cada crisis en el INDEC reabre el interrogante sobre cómo blindar institucionalmente la producción de estadísticas públicas.
Para analistas económicos, el desafío del Gobierno es doble. Por un lado, sostener la coherencia de su programa antiinflacionario; por otro, preservar la confianza en los instrumentos que miden sus resultados. Sin esa base técnica sólida, cualquier narrativa —oficial u opositora— pierde sustento.
En un contexto de alta sensibilidad social por la inflación y el poder adquisitivo, la estabilidad del INDEC se convierte en una pieza central. La discusión trasciende nombres propios y remite a una pregunta más amplia: cómo construir instituciones estadísticas confiables en medio de una polarización política persistente.

