Tensión religiosa en el Congreso: El gobierno ordena retirar el oratorio católico instalado con apoyo de Villarruel

Last Updated: 6 de diciembre de 2025By

La Casa Rosada instruyó el desmantelamiento de un espacio de oración y recogimiento en el Congreso, el cual había sido impulsado por la Vicepresidenta Victoria Villarruel. La decisión se tomó tras las fuertes críticas de referentes de la Iglesia Evangélica, que señalaron la presencia de la bandera del Vaticano como un acto discriminatorio y violatorio de la laicidad estatal.

Una reciente instalación de un oratorio católico en el Congreso de la Nación, realizada en el marco de la reasignación de despachos tras la renovación legislativa, desató una profunda controversia que obligó al Poder Ejecutivo a intervenir. El espacio, que lucía una bandera argentina y una del Vaticano, había sido dispuesto con la anuencia de la Vicepresidenta y titular del Senado, Victoria Villarruel, pero fue rápidamente blanco de críticas de otros credos, lo que forzó la orden de desmantelamiento desde la Casa Rosada.

El incidente pone de relieve la delicada tensión entre la tradición religiosa argentina y el principio de neutralidad estatal en los espacios públicos de poder.


La polémica: Banderas y «tiempos superados»

El oratorio se había instalado discretamente en una de las oficinas del Congreso, en un momento en que la puja por los despachos es habitual debido a la renovación de bancas. Sin embargo, la inclusión de simbología católica tan explícita fue lo que encendió la mecha de la controversia.

La crítica más contundente provino del ámbito protestante. El reconocido pastor Norberto Saracco expresó su rechazo a través de duras declaraciones, al considerar que la presencia de la bandera de la Santa Sede en un edificio estatal constituye un acto de exclusión para otras confesiones religiosas.

“La presencia de la bandera que identifica a la iglesia Católica y al Estado Vaticano no solo es un acto discriminatorio, sino que nos retrotrae a tiempos que creíamos superados. Es decepcionante que desde las más altas esferas del poder se nos recuerde que en este país de iguales algunos son más iguales que otros”, señaló Saracco, marcando la preocupación de los sectores que bregan por una mayor laicidad del Estado.

Esta postura se apoya en la tradición constitucional argentina, que, si bien establece la obligación del Estado de sostener el culto católico apostólico y romano (Artículo 2 de la Constitución Nacional), no le otorga preeminencia simbólica o institucional en todos los espacios de la Administración Pública Nacional sobre otras religiones. La bandera del Vaticano, al representar un Estado extranjero y un credo específico, fue el factor que detonó la reacción de las comunidades no católicas.


La intervención de la Casa Rosada y la orden de neutralidad

Ante el crecimiento de la polémica, la respuesta provino directamente del Ejecutivo. La Casa Rosada, buscando desactivar el conflicto y evitar un desgaste político mayor, instruyó la orden de retirar toda simbología que hiciera referencia a la Iglesia Católica en el oratorio.

La medida abarcó la quita de elementos como banderas, escudos y crucifijos. La decisión se interpreta como un intento de establecer una neutralidad religiosa en los espacios legislativos, atendiendo el reclamo de la comunidad evangélica y de otros credos que consideran que el Estado debe garantizar la igualdad de culto en sus dependencias.

Este episodio se inserta en un contexto político donde la relación entre el Estado y las iglesias es fluida pero compleja. El gobierno actual ha mostrado cercanía con diversas denominaciones religiosas, pero el incidente del oratorio obligó a trazar una línea en el ámbito de la representación simbólica del poder legislativo.

Si bien la instalación de pequeños espacios de recogimiento no es inédita en edificios públicos, la exhibición de símbolos de un credo específico en un ámbito que debe representar a todos los ciudadanos generó la objeción sobre la posible vulneración del principio de igualdad religiosa y la laicidad de las instituciones.

El desmantelamiento del oratorio, o la remoción de sus símbolos católicos, apunta a revertir la percepción de favoritismo, aunque el debate sobre el rol de la religión en la vida pública argentina continúa abierto.