Desmontando el mito: la falsificación documental en el caso Nelly Rivas
Una investigación basada en el expediente original del Tribunal de Honor de 1955 revela que las acusaciones de pederastia contra Juan Domingo Perón fueron producto de una sistemática adulteración testimonial. El análisis de las declaraciones reales, ocultas por décadas, desmiente la narrativa oficial instaurada por la Revolución Libertadora.
La verdad tras la construcción de una infamia histórica
La historiografía argentina ha sido, en múltiples ocasiones, campo de batalla para la política práctica. Uno de los casos más emblemáticos de esta deformación del pasado es el referido a Nelly Rivas y la acusación de pederastia contra Juan Domingo Perón. Según el abogado y miembro de la Academia de Historia, Ignacio Cloppet, nos encontramos ante una de las falsificaciones documentales más persistentes de nuestra historia.
Tras el golpe militar de 1955, el régimen de Lonardi y posteriormente el de Aramburu buscaron deslegitimar la figura del presidente depuesto. Para ello, se organizó el “Tribunal Superior de Honor” (Expediente 8353-73625), cuyo sumario se instruyó entre el 15 y el 26 de octubre de ese año. Sin embargo, el análisis técnico del expediente revela irregularidades procesales insalvables: las actuaciones estaban escritas por una única mano, con tinta, y carecían de firmas que las avalaran.
Testimonios adulterados: el contraste de las fojas
La clave de la falsedad reside en el reemplazo de las declaraciones testimoniales originales por versiones fraguadas. En su obra Perón. Mitos y realidades, Cloppet sacó a la luz los testimonios del personal de la Residencia Presidencial que habían sido ocultados por décadas. El contraste entre el expediente original y el adulterado es absoluto.
Por ejemplo, el valet Calogero Romano, quien trabajó diez años con Perón, declaró originalmente (Fojas 18) que el General dispensaba a la joven Rivas un «trato de padre o padrino» y que nunca vio nada anormal en la relación. Por el contrario, en la versión fraguada que circuló profusamente, se le atribuye a Romano haber afirmado que presenció «relaciones íntimas» y que ambos compartían la cama.
Frutos del árbol envenenado
Esta maniobra contó con la complicidad de figuras como el doctor Juan O. Zavala, abogado de la familia Rivas y militante antiperonista, y el capitán de fragata Francisco “Paco” Manrique. La utilización de estas pruebas nulas e ilegítimas constituye, en términos jurídicos, la doctrina de «los frutos del árbol envenenado»: una nulidad insubsanable que invalida cualquier conclusión derivada de ella.
Hoy, el resurgimiento de estas acusaciones sin sustento documental parece responder más a intereses de distracción política que a un rigor científico-histórico. La restitución de la verdad sobre el caso Nelly Rivas no es solo una defensa de una figura histórica, sino un acto de higiene institucional para la ciencia histórica argentina.

