El Café Miravalles celebra el centenario de Sosa y Goyeneche con una noche histórica de tango, memoria y vermut
El próximo sábado 31 de enero, el tradicional Café Bar Miravalles será escenario del inicio de la temporada 2026 del ciclo “Un vermut con la historia”, con un homenaje a los 100 años del nacimiento de Julio Sosa y Roberto “El Polaco” Goyeneche, dos figuras fundamentales del tango argentino.
Hay espacios que desafían al tiempo. Lugares donde la memoria se filtra en cada conversación y el ritual de reunirse sigue intacto pese al vértigo de la modernidad. El Café Bar Miravalles, ubicado en la emblemática Avenida Cerri 777, es uno de esos sitios que resisten. Y el próximo sábado 31 de enero, desde las 19:30 horas, será el escenario de una velada que promete quedar grabada en la historia cultural de Bahía Blanca.
En el marco del ciclo “Un vermut con la historia”, el Miravalles inaugurará su temporada 2026 con un homenaje de alto valor simbólico: el centenario del nacimiento de Julio Sosa y Roberto “El Polaco” Goyeneche, dos voces irrepetibles que marcaron para siempre el ADN del tango.
La fecha no es casual. Ambos artistas nacieron en 1926, con apenas días de diferencia, y desde orillas distintas forjaron caminos que terminaron confluyendo en el corazón del cancionero popular argentino. Dos estilos, dos sensibilidades, una misma raíz arrabalera.
La jornada trascenderá lo estrictamente musical para convertirse en un acto de justicia histórica y reconocimiento cultural. Durante el encuentro se descubrirá una plaqueta conmemorativa que quedará emplazada en las paredes del Miravalles, como testimonio permanente del centenario de Sosa y Goyeneche y del vínculo del café con la historia viva de la ciudad.
Además, se entregarán distinciones a la trayectoria a dos figuras claves de la cultura regional: el periodista y locutor Emilio Turcumán, y el abogado y gestor cultural Marcelo Cebrián, ambos reconocidos por su aporte sostenido a la difusión del patrimonio cultural y la construcción de identidad en Bahía Blanca y la región.
La música será protagonista de la noche de la mano de Gaby y Galo Valle, quienes interpretarán clásicos inolvidables del repertorio de los homenajeados, evocando las voces y emociones que aún resuenan en el inconsciente colectivo argentino. A su vez, la propuesta se completará con la intervención de la pareja de baile integrada por Laura Borelli y Gustavo Rodríguez, quienes aportarán cuerpo, elegancia y movimiento al universo sonoro del tango.
La conducción de la velada estará a cargo de José Valle, escritor, gestor cultural y miembro de la Academia Nacional del Tango, quien guiará al público por una crónica que buscará ir más allá del mito para reencontrarse con el hombre detrás de la leyenda.
Por un lado, se evocará la figura de Julio Sosa, el inolvidable “Varón del Tango”. Nacido el 2 de febrero en Las Piedras, Uruguay, Sosa fue el último gran fenómeno masivo del género. Con una presencia arrolladora y una voz profunda, logró devolverle al tango un público joven en tiempos de cambio cultural, hasta que un trágico accidente automovilístico apagó su voz a los 38 años, en plena consagración.
Por el otro, el homenaje abrazará la obra de Roberto “El Polaco” Goyeneche, nacido el 29 de enero en el barrio porteño de Saavedra. Dueño de un fraseo inconfundible, supo hacer del silencio y el arrastre una forma de decir. Goyeneche fue mucho más que un cantor: fue el puente definitivo entre el tango y el rock nacional en los años 80, generando lazos creativos con figuras como Litto Nebbia, Charly García y Fito Páez, una comunión artística que aún hoy sigue marcando generaciones.
“Un vermut con la historia” es, en esencia, una reivindicación de los rituales. En el clima cálido del Miravalles, el público podrá reencontrarse con una costumbre casi olvidada: el vermut al caer el sol, la charla sin apuro, el debate, la memoria compartida.
Con entrada libre y gratuita, la propuesta invita a la comunidad bahiense a reencontrarse con sus raíces culturales y a celebrar que, cien años después, las voces de Sosa y Goyeneche siguen diciendo presente. Porque mientras haya una canción, una mesa y alguien dispuesto a escuchar, el patrimonio cultural argentino seguirá vivo.

