Escuelas de Bahía Blanca: balance de daños y plan de reapertura tras las inundaciones
Tras un exhaustivo relevamiento, las autoridades educativas informaron que 56 escuelas presentan daños graves y 75 daños moderados o leves. Las clases continúan suspendidas mientras se avanza en la recuperación de los establecimientos.
El impacto de las inundaciones en Bahía Blanca dejó secuelas en la infraestructura educativa de la ciudad. Tras un relevamiento exhaustivo, las autoridades informaron que de los 232 establecimientos educativos, 56 sufrieron daños de gravedad, 75 daños moderados o leves, y 101 se encuentran en condiciones óptimas.
Claudio Martini, inspector jefe de la Región 22 de Educación, explicó que la prioridad es garantizar la seguridad de la comunidad educativa. «Estamos acompañando a toda la comunidad educativa en el marco de esta tragedia que nos ha afectado de una manera única», expresó Martini.
El funcionario detalló que se está trabajando en múltiples frentes: evaluación del estado edilicio, relevamiento del personal docente y no docente, desinfección de los edificios y accesibilidad a los establecimientos.
«Es un momento de mucho trabajo y reconstrucción. Las escuelas están todas abiertas, los docentes y no docentes menos golpeados están al pie del cañón, limpiando, trabajando y acompañando. La escuela no es solo el edificio, también es su comunidad», afirmó Martini.
La reapertura de las escuelas será gradual y sistemática, priorizando la seguridad. «Volveremos a las escuelas cuando esté todo en regla, cosa que llevará mucho tiempo. Las escuelas están abiertas alojando a sus comunidades en diferentes formatos, como siempre lo hizo. Será un proceso escalonado, sistemático en función de aperturas sucesivas. Nada intempestivo ni nada que ponga en riesgo no solo a la comunidad educativa, sino también a la ciudad en su conjunto», explicó el inspector jefe.
Martini también se refirió a la decisión de suspender las clases ante la alerta meteorológica. «Fue una decisión tomada en conjunto con Defensa Civil, porque veníamos viendo la alerta naranja desde el jueves a la tarde con profesionales de la meteorología. Esperamos para no precipitar ninguna medida, y fue una decisión dolorosa porque siempre queremos que haya clases. Esperamos al último parte, y como cada vez se intensificaba más, rápidamente me comuniqué con mis colegas y tomamos la antipática decisión. Mucha gente no adhería, y después nos vimos obligados todos a tener que quedarnos, siendo las 8:15 el pico de mayor caída de agua. Sabemos que fue desprolijo, pero no puedo ni pensar qué hubiese sucedido si esto nos agarraba con los chicos en las escuelas», concluyó.

