Histórico: Sarah Mullally asumió como la primera mujer arzobispo de Canterbury
Tras más de 500 años de tradición masculina, la Iglesia anglicana consagró a su primera líder espiritual femenina. La exenfermera de 63 años sucede a Justin Welby con la promesa de reparar errores del pasado y modernizar la institución.
En una ceremonia cargada de simbolismo que pone fin a medio milenio de exclusividad varonil, Sarah Mullally hizo historia este miércoles al convertirse en la primera mujer en asumir el cargo de arzobispo de Canterbury. El evento, realizado en la emblemática catedral de Canterbury, al sureste de Inglaterra, marca un punto de inflexión definitivo para la Iglesia anglicana y la comunión espiritual que lidera a nivel global.
Ante una audiencia de más de 2.000 personas, que incluyó la presencia del primer ministro Keir Starmer y los príncipes de Gales, William y Kate Middleton, Mullally prestó juramento como la líder espiritual número 106 de la institución. Su llegada al cargo no solo rompe un techo de cristal histórico, sino que ocurre en un momento de profunda necesidad de renovación para la Iglesia.
De la enfermería al liderazgo espiritual
La trayectoria de Mullally es tan singular como su nombramiento. Casada y madre de dos hijos, desarrolló una destacada carrera como enfermera antes de volcarse de lleno a la vida religiosa. Fue ordenada sacerdotisa en 2002 y, tras la histórica autorización para que las mujeres accedieran al episcopado en 2014, se convirtió en la primera obispa de Londres en 2018.
Su asunción se produce tras la dimisión de su antecesor, Justin Welby, quien dejó el cargo en noviembre de 2024 envuelto en un escándalo por la gestión de casos de agresiones físicas y sexuales dentro de la institución. En este contexto, el perfil de Mullally —caracterizado por su cercanía y su formación en el servicio público— es visto como una oportunidad de saneamiento institucional.
Un compromiso con la transparencia
Durante su discurso de asunción, la nueva arzobispo fue directa respecto a los desafíos que enfrenta su gestión. «Me comprometo solemnemente ante ustedes al servicio de la Iglesia de Inglaterra para que juntos proclamemos el Evangelio que nos reconcilia y derriba los muros que nos dividen», declaró.
Sin eludir la crisis interna, Mullally hizo hincapié en la necesidad de «reparar errores del pasado» y brindar un apoyo integral a las víctimas de abusos. Su programa de gestión apunta a consolidar una Iglesia más justa, transparente y humana, acorde a las demandas de la sociedad contemporánea en el siglo XXI. Con este nombramiento, la Iglesia de Inglaterra no solo actualiza su estructura jerárquica, sino que intenta reconciliar su milenaria tradición con los valores de igualdad de la era actual.

