La cercanía de Patricia Bullrich con el Grupo Techint profundiza la desconfianza de los Milei
El silencio de la senadora durante el reciente y virulento enfrentamiento entre el presidente Javier Milei y el empresario Paolo Rocca reactivó las alarmas en el «triángulo de hierro». En la Casa Rosada asocian la postura de Bullrich a su histórico vínculo con el establishment de AEA, sumando un nuevo capítulo de tensión en la alianza oficialista.
El quiebre con el círculo rojo y el factor Bullrich
La relación entre Patricia Bullrich y el núcleo duro de La Libertad Avanza atraviesa su momento más crítico. Lo que comenzó como un malestar por el «show» mediático que la senadora protagonizó tras la aprobación de la reforma laboral, ha derivado en una sospecha estructural: en el entorno de Javier y Karina Milei creen que la ex presidenta del PRO prioriza sus vínculos con el establishment económico por sobre la lealtad al proyecto libertario.
El punto de inflexión fue la pelea pública entre el Presidente y Paolo Rocca, dueño de Techint. Tras la derrota de Tenaris en la licitación del gasoducto de Río Negro frente a una firma india, Milei descargó su furia contra el empresario, a quien llegó a apodar despectivamente como «Don Chatarrín». Mientras gran parte del gabinete se alineó con la agresividad presidencial para dar una muestra de fidelidad, el silencio de Bullrich fue total.
Sponsors y lealtades cruzadas
Para los estrategas de la Casa Rosada, el silencio de Bullrich no es casual. Paolo Rocca fue el principal financista de su campaña presidencial en 2023, en un momento donde el círculo rojo apostaba a la estructura del PRO por considerar que Milei no tenía chances reales de llegar al poder. Aunque tras el triunfo libertario Rocca logró ubicar a figuras como Horacio Marín al frente de YPF, la relación se dinamitó en enero de este año.
A esta ecuación se suma Sandra Pettovello, cuyo ministerio también cuenta con una fuerte presencia de técnicos vinculados a Techint, lo que marca una zona de influencia del grupo económico dentro de un gobierno que predica el fin de los privilegios corporativos. Sin embargo, es en Bullrich donde Karina Milei deposita su mayor desconfianza, al notar que la senadora tampoco se pronunció cuando el Presidente amenazó con «cerrar» el Grupo Clarín de Héctor Magnetto.
AEA bajo fuego
Rocca y Magnetto son las caras visibles de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), el organismo que agrupa a los dueños de las principales compañías del país. Milei ha comenzado a identificar a este sector del establishment como «enemigos» que financian críticas mediáticas para proteger sus intereses de mercado.
En este escenario, Patricia Bullrich queda en una posición incómoda. Su cercanía histórica con AEA y su negativa a plegarse al ataque contra los líderes del círculo rojo alimentan la teoría libertaria de que la senadora mantiene una agenda propia, más ligada a sus antiguos patrocinadores que a la verticalidad que exige «El Jefe». La desconfianza no es solo una cuestión de egos por el protagonismo legislativo; es una divergencia sobre quiénes son los aliados y quiénes los enemigos en la nueva arquitectura del poder argentino.

