Máximo reconocimiento académico: El Indio Solari fue distinguido con el Doctorado Honoris Causa de la UBA
La Universidad de Buenos Aires homenajeó al exlíder de los Redonditos de Ricota por su trascendental aporte a la cultura popular y su inquebrantable ética artística. En una emotiva ceremonia en la Facultad de Medicina, se destacó la capacidad del músico para masificar la poesía, mientras que una banda de cuerdas repasó su obra con una aparición grabada del propio artista.
La Universidad de Buenos Aires (UBA) otorgó su máxima distinción académica, el Doctorado Honoris Causa, a Carlos Alberto «Indio» Solari. El histórico exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota fue reconocido por su vasta trayectoria de más de cinco décadas y su impacto indeleble en el tejido de la cultura popular argentina y latinoamericana. El acto formal tuvo lugar en el Aula Magna de la Facultad de Medicina, donde autoridades universitarias, referentes de la música y seguidores se congregaron para celebrar el legado de uno de los mayores mitos vivientes del rock nacional.
El reconocimiento institucional, que había sido aprobado en diciembre pasado por el Consejo Superior de la alta casa de estudios, fundamentó la distinción bajo la premisa de que Solari transformó el arte masivo en una herramienta de conocimiento y pensamiento crítico, consolidando un fenómeno social sin precedentes en la historia cultural del país.
El reconocimiento al pensamiento crítico y al arte popular
La ceremonia estuvo encabezada por el rector de la UBA, Ricardo Gelpi, y el vicerrector, Emiliano Yacobitti. Durante su discurso de presentación, Yacobitti elogió la figura del cantante, definiéndolo como «un artista que hizo de la originalidad una ética, que construyó uno de los lazos más intensos entre un músico y su comunidad que registre la historia cultural del país». Asimismo, remarcó que a lo largo de cincuenta años de carrera, el «Indio» demostró que la mayor ambición no radica en la fama ni en el rédito económico, sino en la justificación de una vida entera dedicada al trabajo creativo.
Desde la conducción de la universidad se enfatizó el rol de la institución al momento de validar las expresiones artísticas periféricas a los formatos académicos tradicionales. «La universidad, cuando está a la altura de sí misma, reconoce que el pensamiento crítico no tiene un solo formato», señaló el vicerrector, para luego concluir con una definición que sintetizó el espíritu del homenaje: «La poesía puede vivir en un recital de cincuenta mil personas. El arte popular, cuando es genuino, es también una forma de conocimiento».
El agradecimiento del artista y la entrega de atributos
Dada su conocida reclusión y sus condiciones de salud, el músico de 77 años no estuvo presente de forma física en el Aula Magna, pero participó mediante un mensaje de audio grabado especialmente para la ocasión. «Quería agradecerles, tanto al rectorado como a todos aquellos que han impulsado esta distinción, que a mí me pone muy feliz. Le agradezco a la Universidad de Buenos Aires y a quienes les parece bien que yo merezca esta distinción. Les mando un gran abrazo y muchas gracias», expresó Solari, cuyas palabras despertaron la ovación del auditorio.
Ante la ausencia del homenajeado, las máximas autoridades de la UBA hicieron entrega de la medalla y el diploma oficial a Gaspar Benegas, guitarrista y director musical de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, quien asistió en representación y custodia de los galardones del cantante.
Un cierre sinfónico con la voz del «Indio»
El cierre de la jornada académica estuvo marcado por la música. Gaspar Benegas lideró un concierto homenaje en formato acústico y de cámara, acompañado por un octeto de cuerdas compuesto por las instrumentistas Valentina Cooke, Lucas Agromedo, María Cecilia García, María Cecilia Isas, Lucía Kohan, Sara Tubbia Ryan, Carla Roberta Reggio, Brenda Zimmermann y Marisa Hurtado.
El ensamble ejecutó un repertorio selecto que repasó tanto la etapa solista del vocalista como los grandes himnos de la era ricotera. La lista de temas abarcó piezas como «El tesoro de los inocentes», «La murga de la virgencita», «Había una vez», «Salando las heridas», «El ruiseñor, el amor y la muerte», «Ostende Hotel», «Serenata de los santos fumadores» y «El arte del buen comer». El clímax de la tarde se alcanzó con la interpretación del clásico «Yo caníbal», el cual contó con las pistas de voz originales grabadas y enviadas por el propio Solari para sellar una jornada histórica donde las aulas universitarias se rindieron ante la mística del rock de masas.



