«Toto» Caputo, ¿el Nuevo Récordman de la Deuda Externa Argentina?

Last Updated: 16 de junio de 2025By

El ministro de Economía, Luis Caputo, en apenas un año y medio de gestión bajo la presidencia de Javier Milei, ha contraído más de 45 mil millones de dólares en nueva deuda, superando incluso el polémico préstamo del FMI obtenido durante el gobierno de Mauricio Macri, generando interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo económico actual y su impacto en la inflación.

La figura del ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, vuelve a estar en el centro del huracán financiero y político en Argentina. En un lapso de tan solo un año y medio al frente de la cartera de Hacienda en la administración de Javier Milei, Caputo ha logrado una hazaña que, para muchos analistas, es preocupante: acumular una cifra de endeudamiento externo que ya supera los 45 mil millones de dólares. Este monto, según un informe de la consultora Vectorial al que accedió PáginaI12, es incluso mayor al total del cuantioso préstamo que el gobierno de Mauricio Macri, del cual Caputo también formó parte, solicitó al Fondo Monetario Internacional (FMI).

La trayectoria de Caputo como gestor de deuda en el exterior es notable. Es el único funcionario público en la historia reciente argentina que ha convencido a dos presidentes, en menos de diez años, de recurrir a un endeudamiento externo masivo. Primero, como secretario de Finanzas y luego presidente del Banco Central (BCRA) durante el macrismo, y ahora como ministro de Economía de Milei. La constante en ambas administraciones, señalan los especialistas, es que el endeudamiento se utiliza como «salvavidas» del plan económico y como garantía de financiamiento para campañas políticas. El objetivo implícito: inyectar divisas para evitar la volatilidad natural de los programas de ajuste que no generan dólares genuinos.

En la actualidad, esta estrategia de «dólares prestados» es, para los críticos, la clave para mantener un tipo de cambio artificialmente bajo, lo que genera un desequilibrio en las balanzas de comercio y turismo, encareciendo al país en moneda extranjera. La razón detrás de esta política es evitar que una devaluación del peso se traduzca directamente en un «fogonazo» inflacionario, un temor fundado que, sin embargo, no logra contener del todo el aumento de precios. De hecho, varias consultoras ya anticipan que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de junio será, al menos, un punto porcentual superior al de mayo, un índice que, aunque celebrado por el oficialismo por su baja nominal, es considerado poco representativo del costo de vida real por los analistas.

El informe de Vectorial es lapidario al señalar que «la única puerta de entrada de dólares es el endeudamiento a tasas que, a priori, parecen poco sostenibles», y destaca que Argentina se está endeudando con un Riesgo País cercano a los 700 puntos básicos, una cifra que refleja la desconfianza de los mercados y encarece exponencialmente el costo del capital.

El desglose de los 45 mil millones de dólares es revelador. Hasta el momento, Caputo solicitó 20 mil millones de dólares al FMI (de los cuales ya llegaron 12 mil millones). A esto se suman 10 mil millones de dólares en deuda que se suscribe en pesos a través de los Bopreal, una operación fuertemente cuestionada por no sumar reservas genuinas, ya que se toma deuda en pesos y se devuelve en dólares. Además, se emitieron 1000 millones del Bonte 2030, reabierto por otros 500 millones recientemente, con la promesa de colocar 7000 millones más antes de fin de año.

En el corto plazo, el «Messi del endeudamiento» también recurrió a préstamos de bancos a través de REPOs: 1000 millones de dólares en enero y otros 2000 millones la semana pasada. A esto se le suma un pedido de 8000 millones de dólares a organismos internacionales como el BID, la CAF y el Banco Mundial. Del total acumulado, aproximadamente 38 mil millones de dólares fueron tomados en los últimos seis meses, coincidiendo con el momento en que el plan económico del gobierno de Milei comenzó a mostrar signos de debilidad, precisamente por la constante pérdida de reservas debido al intento de mantener el dólar fijo y contener la inflación.

La narrativa oficial insiste en que este endeudamiento es un «gesto de confianza de los mercados», una afirmación que contrasta con la realidad de las tasas «ridículamente altas» a las que se accede a los fondos. Esta situación se da, paradójicamente, después de que el Gobierno levantara esta semana todos los controles que obligaban a los capitales ingresantes a una estadía mínima en el país. El contraste con Chile, cuyo presidente Gabriel Boric logró el Riesgo País más bajo desde antes de la pandemia (apenas por encima de los 100 puntos básicos), es notorio y expone que los mercados financieros parecen otorgar más credibilidad a la estabilidad del país trasandino que a la apertura total propuesta por Milei y Caputo en Argentina, donde el Riesgo País se mantiene cerca de los 700 puntos, una cifra considerada inviable.

A este escenario se suma la aparente complacencia del FMI, que ha pospuesto a Caputo un mes la meta de acumulación de reservas y, según trascendió, estaría dispuesto a otorgar un «waiver» (perdón formal) si el ministro no alcanza el objetivo de deuda a mediados de julio, lo que representaría una nueva violación de acuerdos.

Lo más llamativo de esta incesante toma de deuda es que ocurre en un contexto de ingresos excepcionales. Por un lado, tras un blanqueo millonario que aportó 20 mil millones de dólares al Gobierno. Por otro, con el propio Caputo exigiendo a la sociedad que saque sus dólares «del colchón» y, fundamentalmente, en medio de una «inundación histórica de divisas del campo». Hasta la fecha, el sector agropecuario ha liquidado 13.600 millones de dólares en exportaciones, un 27% más que en 2024. Además, se estima que los productores aún tienen soja para vender por otros 14 mil millones de dólares. Esto sugiere que el endeudamiento se produce no por falta de divisas, sino para financiar la política de mantener el dólar frenado y, así, evitar un salto inflacionario que el Gobierno teme. La conclusión es clara: el programa económico actual parece insostenible sin el constante recurso a la «tarjeta de crédito» internacional.

La historia parece repetirse con los «Macri boys». El 8 de junio de 2018, en una conferencia de prensa, el entonces secretario de Finanzas, Luis Caputo, junto a Santiago Bausili (hoy presidente del BCRA) y Pablo Quirno (actual secretario de Finanzas), explicaba las bondades del millonario acuerdo de Macri con el FMI. En ese momento, Caputo afirmó que el acuerdo de 50 mil millones de dólares con el FMI y otros 5.650 millones de organismos multilaterales «despejaban cualquier incertidumbre sobre el programa económico y la situación de los mercados». Prometía una «aceleración al equilibrio primario sin sobresaltos» y el fin del financiamiento monetario al Tesoro. Pocos meses después, en septiembre de 2018, con la crisis ya desatada, Caputo renunció. La herencia de deuda de esa gestión condiciona, incluso, a la actual administración de Milei.

La estrategia de endeudamiento récord, diseñada para «cubrirse» y llegar a la campaña con una inflación baja, enfrenta problemas tanto de proceso como de resultados. Mientras el Gobierno celebra el 1,5% de IPC de mayo, las consultoras privadas, como Equilibra (Martín Rapetti), ya estiman un IPC del 2,2% para junio, y C+P (Federico Pastrana y Pablo Moldován) proyecta un 2,4%, con la inflación núcleo incluso más alta. Este escenario, que se da en el momento de mayor volumen de divisas del año, empuja al Gobierno, bajo su propia lógica, a acelerar aún más el ajuste y a «regalar» divisas, a costa de «reservas simuladas» con más deuda externa, consolidando un ciclo que, para muchos, es insostenible en el largo plazo.

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