El mito del empleo petrolero: en Neuquén solo 3 de cada 100 personas trabajan directamente en hidrocarburos
A pesar del despliegue publicitario y los discursos triunfalistas de las grandes corporaciones energéticas, el verdadero peso del petróleo en el mercado laboral real resulta significativamente menor al que suele promocionarse. Según un pormenorizado análisis elaborado por el consultor en Recursos Humanos Ezequiel Sánchez, si la provincia de Neuquén fuera una comunidad representativa de apenas 100 habitantes, tan solo tres personas estarían empleadas de forma directa en la actividad hidrocarburífera de Vaca Muerta.
El relevamiento estadístico desmitifica el derrame automático de la industria extractiva sobre la población trabajadora y expone la marcada desigualdad de la estructura ocupacional en la cuenca del Comahue. La misma medición comparativa ubica en un nivel de absorción equivalente a otros tres habitantes en el sector comercial, tres en la industria de la construcción y diez dentro de los planteles del Estado. Mientras tanto, la porción más voluminosa de la fuerza laboral queda relegada al desamparo de la informalidad, concentrando a 13 de cada 100 trabajadores en empleos precarios y sin derechos previsionales.
Si bien el estudio aclara que la actividad genera un encadenamiento indirecto sobre pymes de servicios contratistas, proveedores logísticos e infraestructura vinculada al sector petrolero, los números de contratación directa revelan que la bonanza de los yacimientos no se traduce de manera automática en puestos de trabajo de calidad ni en ingresos elevados para la mayoría de las familias trabajadoras.
Tensión urbana, pluriempleo y déficit de infraestructura
El crecimiento acelerado en torno al megaproyecto no convencional trae consigo severas distorsiones estructurales que impactan de lleno en la vida cotidiana de la comunidad. El constante flujo migratorio de personas que arriban a la región en busca de una oportunidad laboral genera una fuerte presión sobre la capacidad de respuesta de los servicios públicos de salud, educación y vivienda, colapsando la infraestructura disponible e incrementando de manera exponencial el costo de vida local.
Esta encarecida realidad obliga a una porción cada vez mayor de la clase trabajadora a recurrir al pluriempleo —acumulando dos o más jornadas de trabajo informales o insuficientes— para lograr completar ingresos que permitan afrontar los exorbitantes costos de los alquileres y la canasta alimentaria. La contracara del enclave exportador es la fragmentación social y la sobreexigencia de las familias que habitan en la periferia de los yacimientos sin acceder al bienestar que genera el recurso.
Industrialización en origen e inversión pública frente a la primarización libertaria
Las reveladoras cifras sobre la limitada generación de empleo directo en Vaca Muerta exponen con claridad el fracaso del modelo de extracción enclave que promueve la gestión nacional de Javier Milei. La política libertaria de primarización de la economía, privatización de los recursos energéticos y fomento de la especulación financiera busca transformar a la Argentina en un mero proveedor de materia prima para los grandes grupos multinacionales, sin generar valor agregado nacional, industrialización en origen ni mano de obra genuina e intensiva.
En las antípodas de ese esquema de entrega y especulación, la provincia de Buenos Aires conducida por el gobernador Axel Kicillof y la municipalidad de Bahía Blanca bajo la conducción del intendente Federico Susbielles apuestan fuertemente al procesamiento de los recursos energéticos en territorio bonaerense. La consolidación de Bahía Blanca como la gran capital petroquímica e industrial del país y la ampliación del complejo portuario bahiense demuestran que la energía solo cobra verdadero sentido social cuando se traduce en valor agregado local, desarrollo de pymes regionales, soberanía y trabajo digno para el pueblo argentino

