La raíz de todos los males: los árboles no pudieron morir de pie
El temporal sufrido por nuestra ciudad el sábado le propinó un golpe mortífero a la flora. A groso modo, se estima que se cayeron alrededor de 10.000.
Han sido miles los árboles caídos en nuestra ciudad como consecuencia del fenómeno climático del sábado último. Si bien no hay todavía datos oficiales (aunque el municipio estima que serían alrededor de 10.000), nada más que haya un árbol caído o dañado por cuadra permite tomar magnitud del daño ocasionado.
La pérdida se ha hecho sentir aún más dureza en plazas, parques y paseos, donde conviven árboles centenarios, a los cuales su nutrida copa les ha jugado en contra, al generar el viento un empuje desproporcionado para las raíces que lo fijaban al suelo.
Los árboles han debido soportar lo que especialistas en cuestiones climáticas mencionan como «un sistema conectivo de mesoescala de gran intensidad», caracterizado por vientos de más 100 kilómetros por hora, que por las consecuencias y daños que produjo no tiene el calibre que caracteriza a lo devastador de un tornado.
Un amarre menor
Un detalle que se advierte en los ejemplares volcados sobre calles y veredas es su poca raíz, apenas una especie de «araña» que sugiere un amarre superficial, un anclaje que no guarda relación con la altura y el follaje de la planta.
Es que la raíz necesita espacio para crecer. No cualquier espacio, ya que debieran ser tan grandes como la copa y con una adecuada profundidad.
Pero un árbol de ciudad en general tiene poco espacio para desarrollarse: se plantan ejemplares muy grandes y demasiado juntos. Por eso es importante respetar la distancia que sugieren los especialistas para que las raíces se puedan desarrollar de manera adecuada en el subsuelo.


Al no lograrlo, el árbol queda sujeto de manera precaria. Si sumamos las podas poco adecuadas, el subsuelo poco adecuado para algunas especies y las plantaciones mal diseñadas, sorprende que no haya más caídas.
Una opinión
Consultado sobre esa cuestión el ingeniero agrónomo Luis Caro, docente de la Universidad Nacional del Sur, explicó que, en general, el 85% de la biomasa de las raíces se encuentra en los primeros cien centímetros del suelo.
«Siempre que no haya impedimentos a menor profundidad que compliquen su crecimiento, como puede ser una plancha de tosca, una napa freática o un horizonte compactado».
La posibilidad de que las raíces alcancen mayor profundidad se da en especies de «hábitos freátofito», que son las que buscan napas de agua, aunque dependen de encontrar un suelo suelto que les permita crecer.
Una situación singular se da cuando existe una fuerte «antropización», proceso mediante el cual los humanos modifican el entorno natural, adaptándolo a sus actividades, generando cambios en los ecosistemas con la urbanización y la nuevas infraestructuras.

«Los suelos urbanos han sufrido una fuerte influencia del hombre. Es habitual detectar una compactación del suelo, su impermeabilización y salinización, la disminución a niveles mínimos de materia orgánica y de porosidad, sumado al recorte de raíces por zanjeos para cañerías y cableado. Todo contribuye a que las raíces crezcan más superficialmente», indicó.
No es, sin embargo, una situación exclusiva de nuestra ciudad. Caro mencionó que el temporal tuvo consecuencias similares en La Plata –más de mil árboles caídos– «siendo que las condiciones del suelo y del clima de la capital bonaerense son completamente diferentes a las nuestras para el crecimiento de los árboles».

Por último, el profesional manifestó que la pérdida de árboles tiene «un gran impacto ambiental» como consecuencia de la baja de cobertura.
«Una presencia que atempera el clima al generar sombra y reparo, además de mejorar la calidad del aire por la retención del CO2 y otros agentes contaminantes presentes en el aire y en el suelo».
En este contexto su sugerencia fue establecer un inmediato plan de reforestación, el cual adopte las especies más adecuadas para cada sitio en particular.
Medidas preventivas
La conjunción del viento y la lluvia es fatal para la estabilidad de los árboles. El suelo demasiado mojado hace que las raíces pierdan firmeza y agarre, con lo cual una ráfaga importante encuentra poca resistencia.
Las raíces superficiales no tienen la capacidad de soporte suficiente ante los vientos fuertes. Lo mismo sucede con ejemplares debilitados por enfermedades, hongos o insectos, ya que su estructura puede estar comprometida.

En el caso de algunos paseos locales, como el parque de Mayo o el paseo Cuyo, la presencia de árboles de gran altura –eucaliptus o pinos– con ramas muy pesadas y no equilibradas, la fuerza del viento los hace muy proclives a caer.
“Los árboles de gran altura o ramas pesadas tienen más probabilidad de caer, ya que la fuerza del viento ejerce una mayor presión sobre ellos, especialmente si no están bien equilibrados. Además los cambios repentinos en la velocidad o dirección del viento ejercen fuerzas inesperadas que causan su caída”, se explicó.
Inclinados
Uno de los males que afecta al arbolado urbano local es que los vientos habituales tienden a inclinar los ejemplares recién plantados, incluso los que han sido colocados con sus correspondientes tutores. Los ejemplares que crecen inclinados a más de 45º están siempre con riesgo de caer.
Menos de esa inclinación se los puede salvar a partir de su enderezamiento, colocando riendas y tensores que frenen esa caída para luego proceder a enderezarlo con una polea manual, ubicada lo más alto del tronco.
Cuando se logra la vertical se debe realizar un arriostrado en todas las direcciones.

Cuando el tronco está inclinado a más de 45º es muy difícil enderezarlo sin que se comprometa a nivel radicular. Si las raíces se desprenden o rompen y levantan el suelo se deben tapar con tierra compostada, nunca cortarlas.
En los casos en que las raíces se hayan roto se debe realizar una poda de compensación para equilibrar la copa, la cual generalmente se encuentra deformada por esa inclinación y la exposición solar diferencial.
Los casos de Patagonia y Palihue
Si el paisaje de árboles caídos como consecuencia del fenómeno climático del sábado era desolador en toda la ciudad, alcanzaba un grado impactante en los barrios Patagonia y Palihue, donde se contaban por cientos los ejemplares volcados, la mayoría de ellos de enorme porte.
Dos elementos confluyen para que esto ocurriera. Por un lado, son barrios con mucha vegetación. De hecho en las fotos aéreas de la ciudad siempre se distinguen con nitidez los «manchones verdes» de estos lugares en un contrapunto con el gris del micro y macro centro.
Entonces, a más árboles, más víctimas del fuerte viento. Por otro lado, y este es otro factor clave, el suelo de estos barrios es muy inconveniente para su desarrollo por la presencia de una capa de tosca ubicada a poca profundidad, la cual se vuelve impenetrable para las raíces, que crecen entonces en extensión, buscando agua en la superficie.

El ingeniero Juan Pedro Compagnucci, titular de Compagnucci-Díaz, empresa de dilatada trayectoria en tareas de estudio de suelos, confirmó esta situación.
«Palihue, Altos del Palihue y Patagonia tienen una tosca muy firme y dura que en muchos casos se ubica a 50 centímetros de profundidad. Esto significa que los árboles –añosos, de gran porte y copa– están sostenidos por raíces que crecen para los costados, con lo cual su anclaje al suelo no es el más adecuado», explicó.
El profesional estuvo recorriendo en las últimas horas ambos sitios y verificó esa situación.
«Sin dudas ese tipo de suelo es una de las causas del poco agarre de ejemplares que son verdaderas moles y que ante un viento como el del sábado no se han podido mantener de pie», agregó.
Un panorama desolador en los paseos públicos
Plazas, paseos y parques locales han perdidos cientos de ejemplares. La plaza Rivadavia ha mantenido los árboles más jóvenes, aunque ha caído un centenario aguareguay en la zona de los juegos infantiles y un añoso pino sobre calle San Martín.
Las palmeras parecen no haber sentido el impacto del vendaval, modestas en su copa, de gran porte y apego al suelo.
El parque de Mayo ha resignado decenas de ejemplares de eucaliptus, no sólo con caídas sino con el quiebre de sus pesadas ramas, muchas de las cuales han quedado quebradas.
Si bien desde hace algunos años se viene realizando una importante intervención en el paseo, retirando ejemplares enfermos y secos, sin dudas su masa forestal sigue siendo de riesgo y exige una atención permanente, sobretodo desde que se ha reforzado el carácter peatonal de este espacio.

La plazoleta Pellegrini, en Tucumán y Moreno, en plena obra de rediseño, ha resignado un par de ejemplares, los más importantes, con lo cual será clave el proceso de reforestación para que el espacio ofrezca espacios de sombra.
Otros sitios donde ha habido caídas muy llamativas ha sido en los bordes del canal Maldonado, con varios ejemplares volcados en una suerte de efecto dominó, uno al lado de otro, siguiendo el sentido del canal, sin caer ninguno dentro del mismo.
Un párrafo especial para la plaza Brown, de Brown y Luiggi, una de las más antiguas del centro, que perdió árboles añosos y, a simple vista, ha resignado al menos el 50% de sus ejemplares, conformando además uno de los testimonios más contundentes de la fuerza de los vientos.

